Nos esperaba un gran día a pesar de estar el día oscuro y con ganas de llover. Era un día muy esperado y deseado.
Ella confiaba en que todo no podía ir más perfecto porque sabía que él llegaría cuando menos lo esperase. Así fue. Él llegó en ese instante.
Él tan guapo como siempre destacando entre todos, por eso fue fácil reconocerlo. Él venía tan perfecto como ella imaginaba.
Hubo un momento en el que los dos se volvieron uno. En ese momento fue cuando sus labios rozaron con los de él, y no existía nadie más que ellos dos. Todo fue perfecto, como él.
Ella tenía miedo de que llegara el momento de partir cada uno para su destino, por lo que ella no quería que se fuera. Él tan perfecto somo siempre le regaló sus mejores besos y abrazos para que ella pudiera disfrutar de el día hasta el último momento. Él para darle ánimos le dijo:
-¿Ves aquello de allí lejos?
+Sí
-Pues en dos meses nos veremos allí.
Ella sonrío pero no sabe muy bien el porque lo hizo en ese instante. Llegó la hora, sí la hora, la hora de marchar. Ninguno de los dos quería ver marchar al otro, pero así tuvo que ser. Él le dijo que la quería y le dio su último beso, quizás el que recuerde por mucho tiempo. Él se dio la vuelta y se marcho y ella se quedó un instante mirando como se iba, iba tan solo que le daban ganas de correr tras él. Para ella esa momento era el peor en mucho tiempo y con esa hecho la mirada atrás pero él no se giró y siguió su camino. Cada uno regresó para su casa y los dos desean que vuelva a llegar el día en que se puedan sentir, abrazarse, besarse, mirarse y que sus promesas se cumplan.
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